miércoles, 5 de agosto de 2026

Árboles, escudo natural que nos libra del calor

Árboles, escudo natural que nos libra del calor 

Por Carlos Checo Estella

Las comunidades han levantado la voz de alarma ante la tala indiscriminada de árboles que se registra en distintos puntos de la República Dominicana. El más reciente episodio ocurre en el sector Jardines del Norte, en el Distrito Nacional, donde residentes rechazan la eliminación de más de 10 mil metros cuadrados de área verde para ampliar la avenida Los Próceres, frente al Jardín Botánico Nacional.

Las ciudades enfrentan cada vez con mayor intensidad los efectos de la contaminación atmosférica, las islas de calor y la pérdida de biodiversidad. Esta realidad obliga a las autoridades a desarrollar políticas eficaces de mitigación y adaptación que mejoren la calidad del aire, protejan la salud pública y preserven el patrimonio natural.

El Distrito Nacional experimenta un preocupante retroceso de sus áreas verdes. Con una extensión de 91.58 kilómetros cuadrados y una población superior al millón de habitantes, el déficit de árboles se ha agravado por el acelerado crecimiento urbano y la expansión vertical de la ciudad. Las viviendas con patios y jardines han sido sustituidas por edificios de apartamentos y grandes desarrollos inmobiliarios, reduciendo significativamente la cobertura vegetal.

Aunque existe una normativa municipal que regula el arbolado urbano, prohíbe la tala indiscriminada y exige permisos para la poda y el corte de árboles, la realidad demuestra que su aplicación ha sido insuficiente.

En las últimas décadas, la expansión de las edificaciones en el Gran Santo Domingo ha reducido considerablemente los espacios naturales disponibles.

Diversos estudios estiman que la cobertura arbórea del Distrito Nacional ronda apenas el 15 % de su territorio, muy por debajo de los niveles recomendados para ciudades con bosques urbanos saludables. Una ciudad sostenible debe aspirar a una cobertura de al menos 30% de masa arbórea en cada barrio.

Esta situación incrementa las temperaturas, disminuye la calidad ambiental y afecta directamente la salud y el bienestar de la población.

Especialistas en silvicultura urbana, como Cecil Konijnendijk, promueven la conocida regla 3-30-300: que desde cada vivienda se pueda observar al menos tres árboles, que los barrios cuenten con un mínimo de 30 % de cobertura arbórea y que toda persona tenga acceso, a menos de 300 metros de su hogar, a un parque o espacio verde de calidad.

La distribución del arbolado en Santo Domingo, además, es profundamente desigual. Mientras algunos sectores disfrutan de calles arboladas y parques bien conservados, otros sobreviven prácticamente sin sombra ni espacios públicos verdes, profundizando las desigualdades ambientales.

En 2021, la Alcaldía del Distrito Nacional, junto con el Ministerio de Medio Ambiente, el Jardín Botánico Nacional, INTEC, Grupo Jaragua, y otras instituciones, lanzó el Plan de Arbolado Urbano "Siembra tu Ciudad", con el propósito de fortalecer la infraestructura verde de la capital.

Durante su presentación se proclamó la aspiración de construir una ciudad con un ambiente sano, espacios verdes seguros y una gestión compartida entre las instituciones públicas, el sector privado y la ciudadanía.

Sin embargo, la realidad demuestra que los resultados han sido limitados. Basta observar la pequeña área protegida del sector Palma Real, hoy convertida en un espacio degradado, invadido por escombros, basura y afectado por quemas provocadas. Las denuncias dirigidas a autoridades municipales, instituciones ambientales, universidades, partidos políticos y regidores no han logrado detener su deterioro.

Ese abandono refleja una problemática nacional. Los ayuntamientos, responsables de proteger y administrar el arbolado urbano, no están cumpliendo plenamente con su obligación de conservar este patrimonio ambiental, indispensable para regular la temperatura, mejorar la calidad del aire, proteger la biodiversidad y garantizar una mejor calidad de vida.

El calor que hoy soportan nuestras ciudades tiene una explicación sencilla: faltan árboles. Cada árbol talado representa menos sombra. Menos agua, menos diversidad y más calor para todos.

La débil institucionalidad y una visión patrimonialista del poder continúan atentando contra la seguridad ambiental y el desarrollo sostenible del país.

República Dominicana necesita que la Constitución, las leyes ambientales y los planes de ordenamiento territorial dejen de ser simples declaraciones y se conviertan en acciones concretas.

Proteger los árboles no es un lujo paisajístico. Es una obligación con la salud pública, con las futuras generaciones y con el derecho de todos los dominicanos a vivir en ciudades más frescas, saludables y resilientes

 

 

 

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