Réquiem por el Yaque
del Norte
La degradación ambiental y la
degradación humana y ética están íntimamente unidas. Laudato Si
Ing. Carlos Checo Estrella
Los ríos son parte esencial del relieve terrestre y una pieza
decisiva del equilibrio de los ecosistemas. De ellos dependen la vida de
innumerables especies, el funcionamiento de las cadenas alimenticias y la
estabilidad ambiental de los territorios que atraviesan. Sin embargo, esos
corredores naturales, que durante siglos sostuvieron la vida y el desarrollo de
comunidades enteras, hoy enfrentan una amenaza creciente por el impacto de las
actividades humanas.
En República Dominicana, la degradación de los ríos ha
adquirido proporciones alarmantes.
La contaminación fisicoquímica provocada por vertidos
industriales, desechos cloacales, acumulación de basura y el uso indiscriminado
de plaguicidas agrícolas ha deteriorado gravemente sus aguas. A ello se suma la
contaminación patógena y el progresivo encogimiento de caudales que antes eran
abundantes y hoy apenas sobreviven, reducidos a corrientes intermitentes que
aumentan solo en temporada de lluvias. En las últimas tres décadas, alrededor
de 700 ríos, arroyos y cañadas han desaparecido en el país.
En ese escenario, el río Yaque del Norte se levanta como
símbolo de una crisis ambiental que ya no admite indiferencia. Cada 25 de
julio, cuando se conmemora el Día Nacional del Río Yaque del Norte, establecido
mediante el Decreto 172-95, la fecha encuentra a este importante afluente
enfrentando los mismos problemas de siempre: contaminación, abandono,
depredación y una preocupante falta de voluntad para protegerlo.
El Yaque del Norte, el río más extenso de la República
Dominicana y eje fundamental del desarrollo agrícola, energético y social del
país, agoniza bajo el peso de la agresión humana y la negligencia
institucional. Su degradación no es un asunto menor. Se trata de una amenaza
directa a la seguridad alimentaria, la salud pública, la producción de energía
y la estabilidad económica de toda la región del Cibao y del país.
Con una longitud aproximada de 298 kilómetros, el Yaque nace
en la Cordillera Central y recorre gran parte del Cibao hasta desembocar en la
bahía de Montecristi. Su cuenca, de más de 6,800 kilómetros cuadrados, abarca
las provincias Santiago, Montecristi, Santiago Rodríguez, La Vega, Valverde y
Dajabón.
Es una cuenca estratégica para la producción agrícola, el
abastecimiento de agua potable, los sistemas de riego, la generación de energía
en presas como Tavera, Bao y Monción, y la conservación de la biodiversidad y
de servicios ecosistémicos indispensables.
Pero ese patrimonio natural está siendo destruido a lo largo
de su recorrido por múltiples focos de contaminación. En especial, el tramo que
atraviesa la ciudad de Santiago de los Caballeros representa uno de los puntos
más críticos de su deterioro. Allí, en apenas 10 kilómetros de área urbana, el
río recibe el impacto de más de 20 empresas y 25 cañadas, además de grandes
volúmenes de desperdicios industriales, desechos químicos y residuos domésticos
arrojados por miles de familias asentadas en sus márgenes. La extracción
indiscriminada de arena, grava y agua, sumada al crecimiento desordenado de
asentamientos humanos, agrava todavía más la situación.
En este trayecto confluyen afluentes también severamente
contaminados, como los ríos Gurabo, Pontezuela-Nibaje, Guazumal, Hoya del
Caimito, Jacagua, Los Salados, Arroyo Hondo y la cañada Pastor, que forman
parte del sistema hidrográfico de Santiago de los Caballeros y reflejan el
nivel de deterioro ambiental que afecta a toda la zona.
Salvar el Yaque del Norte exige mucho más que discursos o
conmemoraciones. Requiere un plan integral de restauración de bosques,
fiscalización rigurosa de las descargas contaminantes, reordenamiento del uso
de los suelos en las montañas y construcción de plantas de tratamiento de aguas
residuales en ciudades clave como Jarabacoa y Santiago. La recuperación debe
concentrarse, de manera especial, en Santiago, donde se produce uno de los
mayores puntos de quiebre en la salud del río.
Hace una década, el Consejo de Desarrollo Estratégico de
Santiago diseñó el proyecto Recuperación Urbana Ambiental del Río Yaque del
Norte, conocido como “Vive el Yaque”, una propuesta que contempla, entre otros
objetivos, el tratamiento del 100% de las aguas residuales y el ahorro de más
del 60% del agua potable que hoy se pierde. Más recientemente.
El Decreto 57-18 declaró de alta prioridad la rehabilitación,
saneamiento, preservación y uso sostenible de la Cuenca del Río Yaque del Norte,
es letra muerta y de la Comisión Presidencial para el ordenamiento y manejo,
nada se sabe.
El Yaque continúa muriendo víctima de la agresión y de la
indiferencia de una sociedad que no valora la vida y de unas autoridades que no
han asumido, con seriedad, el mandato de construir bien común.
La recuperación del Yaque del Norte es posible, pero requiere
decisión, responsabilidad y visión de país. Es urgente. Es necesaria. Y ya no
puede esperar más.