Identidad: guetos
ideológicos y espaciales
Carlos Checo
Estrella
Darializa es socióloga y actualmente cursa un doctorado. La
sociología es un campo amplio y diverso.
Es hija de inmigrantes dominicanos, activista y defensora de
la vivienda asequible, la educación accesible y la justicia económica.
No sé qué grado de temeridad implica que un lego intente
aconsejar a una futura doctora.
Aunque, siendo
honestos, peor es dar consejos cuando nadie los ha pedido.
Muchos nos apoyamos en la edad para intentar aconsejar al
joven sabio. Yo asumo el riesgo.
Además de la sociología, existen otras ciencias sociales que
pueden auxiliar a los políticos y enriquecer su comprensión de la realidad,
como la etnología, la antropología, la historia y la psicología.
Estados Unidos es una nación profundamente segmentada por
clases sociales, origen familiar, nivel educativo, raza, etnia y religión.
El gueto funciona como un dispositivo de encierro físico y
simbólico donde el aislamiento, muchas veces impuesto por circunstancias históricas
y económicas, genera formas particulares de identidad colectiva y de
resistencia. Es una realidad que excluye, separa y moldea la idiosincrasia de
quienes viven en ella.
El sentido de pertenencia es fundamental en una sociedad como
la estadounidense.
Constituye el punto de partida para el encuentro con uno
mismo, con la comunidad y con el mundo exterior.
Pertenecer es sentirse parte, pero también ser reconocido
como parte de un colectivo.
Washington Heights ha sido declarado oficialmente el primer
Distrito Histórico Dominicano de Estados Unidos. Allí, los dominicanos han
recreado un profundo sentido de pertenencia.
La identidad cultural
se mantiene viva a través de bodegas, clubes sociales, organizaciones
comunitarias y un fuerte apego a la herencia dominicana.
Tan arraigado está este sector en el imaginario nacional que
existe la creencia de que no solo engloba a todo Nueva York, sino que
representa, de alguna manera, a todo Estados Unidos.
Para muchos dominicanos, quien vive en Nueva York vive en el
Alto Manhattan, y quien vive en Estados Unidos reside en Nueva York.
Uno de los cuestionamientos que algunos hacían a la candidata
demócrata por el Distrito 13 era que no había trabajado lo suficiente para la
comunidad. Ella, por su parte, sostenía que llevaba años desarrollando labores
comunitarias en su entorno.
La paradoja es que Darializa reside en Harlem, mientras que
quienes no reconocían esa labor comunitaria pertenecen, en gran medida, al Alto
Manhattan.
Darializa es dominicana por origen y herencia familiar. Sin
embargo, sus influencias, experiencias de vida, valores, círculos sociales y
trayectorias personales la vinculan también con otras comunidades y otros
espacios culturales.
Ella se define como afrolatina. Sus referencias culturales,
académicas e ideológicas parecen trascender los límites tradicionales de la
comunidad dominicana del Alto Manhattan.
Su formación
intelectual y los ambientes que frecuenta la acercan a realidades diversas y la
distancian, en ciertos aspectos, del imaginario del dominicano promedio.
Y aquí viene el consejo no solicitado: si la montaña no va a
Mahoma, Mahoma debe ir a la montaña.
Que los múltiples guetos, espaciales, culturales e
ideológicos. no impidan que los dominicanos del Distrito 13 de Nueva York
tengan a la primera mujer de origen dominicano representándolos en el
Capitolio.
Que muchos padres exhorten a sus hijas a prepararse para
alcanzar, mediante el estudio, el esfuerzo y la perseverancia, lo que Darializa
está logrando.
Muchos niños sueñan con ser como, Karl-Anthony Towns Manny
Machado o Juan Soto.
¡Ojalá, muchas niñas encuentren también en Darializa un
ejemplo de lo que se puede alcanzar mediante la preparación, la determinación y
el trabajo constante!
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