Temporada ciclónica: Los desastres no son naturales
Por Carlos Checo Estrella
“Gestión del Riesgo es la reducción
anticipada de los impactos negativos que podrían generar los desastres en el
futuro”.
Estamos a las puertas de la
temporada ciclónica y en nuestro país seguimos sin aplicar medidas de reducción
de vulnerabilidades ni otras acciones para una gestión efectiva del riesgo de
desastres.
La gestión del riesgo de desastres
consiste en la aplicación de políticas y estrategias para prevenir nuevos
riesgos, reducir los existentes y gestionar los riesgos residuales,
contribuyendo así al fortalecimiento de la resiliencia y a la reducción de las
pérdidas ocasionadas por los desastres. -Naciones Unidas.
El próximo 1 de junio inicia la
temporada ciclónica, y nos encontrará con mayor vulnerabilidad que en
temporadas anteriores.
Hace tiempo que se detectan sesgos
cognitivos en nuestra sociedad, en especial en las élites de poder. Desde la
más simple racionalidad no es posible explicar que, en República Dominicana,
dado el historial de desastres ocurridos, no se actúe en consecuencia y se
apliquen los protocolos internacionales antes, durante y después de estos
eventos.
Nuestras autoridades incumplen la
responsabilidad de elevar a grados óptimos los niveles de seguridad de nuestras
comunidades. No hacen esfuerzos suficientes para proteger a la población, para
que los ciudadanos se sientan seguros viviendo en su comunidad, sin importar lo
que la naturaleza presente.
La combinación de impactos de
fenómenos atmosféricos con la realidad social, económica y ambiental de
nuestras comunidades ocasiona, año tras año, numerosas calamidades.
Situados en la ruta de los
huracanes y con elevado riesgo sísmico, y sumado a la pobreza y la alta
desigualdad, nuestro país es una de las 10 naciones más vulnerables a desastres
por fenómenos naturales del planeta.
Si bien las autoridades no pueden
evitar los fenómenos meteorológicos, tienen la obligación de procurar el menor
impacto negativo posible en la gente y el territorio.
“Prevenir es mejor que remediar”.
Es imperativo realizar acciones encaminadas a anticiparse y mitigar los
probables efectos de potenciales desastres.
En República Dominicana, la
reducción de riesgos de desastres no es una prioridad de las políticas
públicas, a pesar de la alta vulnerabilidad del país ante fenómenos naturales.
Esto ocurre a pesar de la existencia de la Dirección de Gestión del Riesgo de
Desastres.
La baja institucionalidad
democrática y la precaria vigencia del Estado de derecho determinan nuestro
presente y futuro, dado el bajo nivel de cumplimiento del deber por parte de
las autoridades. Existe una ley sobre Gestión de Riesgos, la 147-02, que tiene
20 años siendo desobedecida.
Las autoridades no prestan atención
a los estudios y recomendaciones de Naciones Unidas, que señalan el impacto
desproporcionado que tienen los desastres naturales en naciones pobres e instan
a tomar acciones urgentes para disminuir la vulnerabilidad frente a estos
eventos en los territorios y en la población.
República Dominicana no hace honor
al compromiso asumido en la Conferencia Mundial sobre la Reducción de los
Desastres de 2005, celebrada en Hyogo, Japón, en la que reafirmó su compromiso
con la disminución de riesgos de desastres, enfocándose en el desarrollo
sostenible, la justicia climática y la protección de zonas vulnerables.
También incumple la Declaración de
Punta del Este, resultante de la VIII Plataforma Regional para la Reducción del
Riesgo de Desastres en las Américas y el Caribe, Uruguay 2023, en la que se
comprometió, entre otras cosas, a incorporar la gestión de riesgo y el cambio
climático en la planificación y la inversión pública.
Para salvar vidas y proteger bienes
y propiedades, cada vez es necesario dejar atrás la cultura de gestión de
desastres y asumir la gestión de riesgos de desastres, poniendo en ejecución
los programas y acciones del Plan Nacional de Reducción. Su objetivo concreto
es la reducción, previsión y control de los factores de riesgo, amenazas y
vulnerabilidades en República Dominicana.
Debemos tener presente que, para
reducir las vulnerabilidades, es necesario reducir la pobreza y la desigualdad,
ya que son factores clave de vulnerabilidad al limitar la capacidad de las
personas para construir viviendas seguras, acceder a seguros, evacuar o
recuperarse económicamente después de un desastre.
Los desastres agudizan la pobreza
al causar la pérdida parcial o total de los medios de subsistencia, creando un
círculo vicioso de pérdidas y empobrecimiento que obstaculiza el desarrollo.
Los escasos avances conseguidos se ven mermados por los constantes desastres.
Los impactos económicos de las pérdidas conllevan retroceso en los niveles de
desarrollo alcanzados.
La gestión del riesgo de desastres
no es solo una necesidad, sino una responsabilidad. Invertir en prevención y
preparación no solo salva vidas, sino que también protege la economía, preserva
el patrimonio cultural y asegura un futuro sostenible para las generaciones
venideras.
Ojalá quienes toman las decisiones
que afectan al conjunto hagan lo que deben hacer para que, en la temporada
ciclónica de 2027, no nos encuentre en condiciones tan precarias y estemos
mejor preparados para evitar las graves y cuantiosas pérdidas que acarrean los
fenómenos naturales.
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