lunes, 11 de mayo de 2026

Nuestras enfermeras y enfermeros, Merecen respeto

 Nuestras enfermeras y enfermeros, Merecen respeto 

 

Por Carlos Checo Estrella

La enfermería una profesión muy sacrificada, mal pagada e ignorada.

Homenaje y reconocimiento permanentes al compromiso, el sacrificio, la sensibilidad y la vocación, de quienes ejercen esa noble ocupación.

Cada 12 de mayo el mundo celebra a la enfermería. En República Dominicana no hay nada que celebrar.

Tenemos una profesión en emergencia. Sacrificada hasta el límite, mal pagada e ignorada. Mientras aplaudimos cada año en mayo, el resto del año el Estado le da la espalda a quienes sostienen el sistema de salud.

La enfermería no pide favores. Exige justicia. Porque sin enfermeras y enfermeros no hay hospitales que funcionen, no hay atención primaria que responda y no hay salud pública que se sostenga. Como dijo Kerouac en 1996, su labor preserva la vida desde lo humano, lo ético y lo terapéutico. Y como advirtió Grace H. en 2000, son el eje que mantiene unidas las piezas del sistema. Hoy ese eje se quiebra.

Los gremios no exageran cuando hablan de situación catastrófica. Hablan de salarios que no alcanzan para vivir, de acuerdos firmados que el Gobierno incumple sin sonrojarse y de una sobrecarga que enferma al que cuida. Turnos rotatorios, noches sin fin, cambios de servicio sin aviso, decisiones críticas bajo presión y exposición constante a riesgos biológicos, químicos y físicos. Ese es el día a día.

El resultado se veía venir: déficit crítico de personal. Una enfermera para decenas de pacientes. Calidad que se desploma. Salud mental y física del personal que se deteriora. Y una frase que ya define al sector: malestar de los enfermeros. No es queja. Es colapso.

Por eso emigran. Por eso abandonan. Cada profesional que se va es una cama sin atención, una vacuna sin aplicar, un parto sin asistencia. El Estado pierde dos veces: pierde talento formado con fondos públicos y pierde la capacidad de cuidar a su gente.

Las demandas no son nuevas. Llevan décadas engavetadas: salarios dignos, pensiones justas, reclasificación y nivelación salarial para más de dos mil profesionales, aplicación automática del tiempo en servicio, incentivos por antigüedad, nombramientos urgentes e infraestructura que no se caiga a pedazos. Nada de eso es un lujo. Es lo mínimo para trabajar.

Un personal maltratado no puede dar atención de calidad. Esa es la ecuación que las autoridades se niegan a resolver. Y mientras tanto, la salud dominicana sigue siendo cara, excluyente e incapaz de garantizar acceso oportuno a la mayoría.

Por eso el paro del 18 y 19 de mayo no sorprende. Es la respuesta lógica a años de indolencia. Los gremios no paran labores por capricho. Paran porque el sistema ya está parado para quienes no tienen con qué pagar una clínica.

El 12 de mayo debería ser fecha de compromiso, no de discursos vacíos. Si el Gobierno quiere honrar a la enfermería, que empiece por pagarle lo justo, por cumplir lo firmado y por entender algo básico: sin enfermeras y enfermeros no hay futuro.

El futuro del cuidado depende de ellos. Si los perdemos, perdemos todos. Y esa factura la pagará el pueblo, con vidas

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