jueves, 22 de octubre de 2026

El atractivo del lobo: “Neoliberalismo, No”

 

El atractivo del lobo: “Neoliberalismo, No”

Carlos checo Estrella

Un discurso es la construcción de un razonamiento destinado a persuadir a quien escucha. Su propósito fundamental es convencer; por ello, la fuerza de un discurso no garantiza necesariamente la verdad de todos los argumentos sobre los cuales se sustenta.

El neoliberalismo se presenta como una propuesta basada en la libertad económica, el libre mercado, la competencia y un Estado con una participación más limitada en la economía. Sus defensores sostienen que la apertura de los mercados, la iniciativa privada, la competencia y la reducción de determinadas regulaciones favorecen la innovación, la productividad y la prosperidad.

La experiencia de las últimas décadas ha generado una amplia discusión sobre los límites y efectos de esas políticas. Después la crisis del 2008, se les critica por su incapacidad para generar la prosperidad económica que prometen y por aumentar la desigualdad entre clases sociales.

Lo único que ha logrado el neoliberalismo es el  estancamiento de la economía global y el reparto más desigual de la riqueza mundial.

Crecimiento económico y desarrollo social no son sinónimos.

La discusión fundamental es cómo se distribuyen los frutos del crecimiento y cómo se convierten en bienestar, oportunidades y derechos para todos.

En República Dominicana persisten importantes desafíos de pobreza, desigualdad y acceso desigual a las oportunidades.

Nuestra sociedad tiene, un gran reto: construir mayor equidad en medio de desigualdades económicas, territoriales y sociales que todavía condicionan las oportunidades de amplios sectores de la población.

No basta con crecer. Hay que preguntarse cómo crecemos, para quién crecemos y qué oportunidades genera ese crecimiento.

Una sociedad democrática no puede conformarse con que la riqueza aumente si una gran parte de sus ciudadanos permanece al margen de las oportunidades de educación, salud, vivienda digna, empleo de calidad, seguridad y desarrollo.

República Dominicana necesita superar las estructuras económicas y sociales que permiten una concentración excesiva de la riqueza, del poder y de las oportunidades.

Para alcanzar un desarrollo verdaderamente sostenible, necesitamos combinar crecimiento económico, productividad, inversión, innovación y seguridad jurídica con políticas públicas capaces de ampliar las oportunidades y reducir las desigualdades.

Para crecer y alcanzar mayores niveles de bienestar nacional es necesario propiciar una distribución más equitativa del ingreso y ampliar la igualdad de oportunidades.

Si queremos corregir asimetrías, avanzar en el combate a la pobreza y la desigualdad, el camino no es aplicar políticas neoliberales que van en sentido contrario al Estado Social y Democrático de Derecho que proclama la Constitución

El desafío consiste en encontrar un equilibrio en el que el mercado genere riqueza y el Estado garantice que el desarrollo económico se traduzca también en bienestar colectivo.

El peligro no siempre se presenta con rostro amenazante.

puede aparecer bien vestido, educado, formal, cordial y amable. Puede hablar de modernización, eficiencia, libertad, seguridad jurídica, productividad y desarrollo.

El lobo de Caperucita no mostró inicialmente su verdadera naturaleza. Para acercarse, recurrió al engaño y adoptó una apariencia que generara confianza.

La cuestión no consiste en desconfiar de todo aquel que hable de libertad, competencia o iniciativa privada. La verdadera cuestión es qué modelo de sociedad se propone construir detrás de esas palabras y quiénes se benefician de él.

Por eso debemos prestar atención cuando escuchamos discursos que exaltan sistemáticamente lo privado mientras desprecian lo público; que presentan la competencia como solución universal; que convierten los impuestos en un enemigo; que consideran el gasto público únicamente como un problema y que reducen la función del Estado a garantizar las condiciones para la actividad privada.
Debemos preguntarnos:

¿Libertad para quién? ¿Seguridad para quién? ¿Desarrollo para quién?

Porque la libertad económica carece de sentido social si las oportunidades están concentradas en pocas manos.

La productividad es necesaria, pero también debe traducirse en mejores salarios y condiciones de vida.

La inversión privada es fundamental para generar riqueza y empleo, pero los servicios públicos esenciales no pueden quedar subordinados exclusivamente a la lógica de la rentabilidad.

Los impuestos no son simplemente una carga: constituyen uno de los instrumentos mediante los cuales una sociedad financia bienes y servicios públicos y puede corregir desigualdades.

Las ideas retrógradas también pueden presentarse con nuevos nombres, nuevos discursos y nuevos rostros.

En el Evangelio aparece la conocida imagen del vino viejo en odres nuevos: cambiar el recipiente no transforma necesariamente el contenido. Por eso debemos observar más allá de las palabras.

Cuidémonos de confundir juventud con renovación, modernización con progreso o lenguaje empresarial con solución de los problemas sociales.

Una idea no se vuelve progresista simplemente porque sea presentada por una persona joven, ni una propuesta deja de ser regresiva porque esté expresada con elegancia, lenguaje moderno o una impecable conducta personal.

Lo importante son sus consecuencias y el modelo de sociedad que propone.

República Dominicana necesita una regeneración de la política y una renovación de sus instituciones.

Necesita un Estado capaz de promover el bienestar y el desarrollo de todos; un sector privado vigoroso y responsable; servicios públicos de calidad; igualdad de oportunidades; instituciones fuertes y una ciudadanía consciente de sus derechos y deberes.

No posterguemos la tarea de organizar nuestra vida colectiva sobre bases de mayor equidad.

Urge corregir asimetrías, combatir la pobreza y reducir las desigualdades.

Urge construir una sociedad cohesionada, sostenible, segura, próspera y solidaria.

Una República Dominicana donde la libertad no sea privilegio de unos pocos, donde la seguridad no sea patrimonio de determinados sectores y donde el desarrollo no se mida solamente por el tamaño de la economía, sino también por la calidad de vida de su gente.

La apuesta debe ser una República Dominicana próspera, justa, democrática, libre y feliz.

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